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Una vez alguien dijo que el mayor crimen del cine había sido olvidarse de la Historia, y de las historias, para someterse a las intrigas y al ilusionismo. Que el deber de las imágenes era el de rescatar la verdad olvidada detrás de cada gesto y de cada rostro, para que se hiciera justicia. Que el cine había pecado en no mostrarle al público los rincones ocultos de la guerra y de la vida íntima, a los que había logrado acceder. Que había negado su naturaleza y había desperdiciado su capacidad de hacer carne la palabra al enmascarar y deformar los gestos con fines egoístas, según las doctrinas de un imperio sucio. Que nos había engañado a todos mostrándonos “un mundo más acorde con nuestros deseos”. Y es verdad. Pero en Taller 404 creemos que la verdadera delicia no está en el verbo que se hace carne, sino en la carne que se transforma en palabras. Hemos hecho de la intriga nuestro pan de cada día y nos hemos entrenado arduamente para aprender a encontrarla detrás de cada puerta y de cada ventana y, cuando ésta escasea, nos hemos entrenado para hacer parecer intrigante lo que no lo es en absoluto.
/Su Pan de Cada Día/
Lo mejor de las imágenes es que sean ventanas a algo más. Y la verdad es que puede ser una actividad muy agradable meterse en ellas a la busca de la intriga. Álvaro Cruz, por ejemplo, encontró el cielo entre las piernas de una mujer, Luzianne y Co. hizo lo de siempre y pasó la tarde tomando té y viendo pinturas conceptuales y Chinaski se entretuvo viendo muñequitos racistas. Lo mejor de esto es que siempre se puede encontrar la manera más placentera o tormentosa de hacerlo, dependiendo de los gustos y del grado de masoquismo de cada uno. Y esa es la invitación que queremos hacerles: que hagan alguna cosa con estos fragmentos de verbo carnal y la pasen bien, o mal, pero que resulte algo intrigante y atrayente. Y nos lo manden.

Crowley.
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